De mil maneras podemos llamar a las puertas de nuestros vecinos, amigos y familiares, pero que orgullo poder usar las aldabas antiguas que en muchas de las puertas de Tocina y Los Rosales lucen con elegancia y que quizás no le damos la importancia que a lo largo de la historia han tenido.
Desde la Edad Media, en castillos, Iglesias y moradas, han sido los primeros en tomar contacto con ese nuevo visitante que por sorpresa o de forma esperada nos han visitado... mil manos que en forma de lija y gamuza, han ido puliendo y dando brillo a los metales que a media altura presiden nuestras puertas de entrada que dan acceso a nuestros alicatados zaguanes.
Un sonido que permanecerá siempre en nuestro archivo mental de los recuerdos sonoros y que si hacemos el esfuerzo por recordarlo, seguro que nos viene a la memoria aquellos tres o cuatro golpes que siempre nos sobresaltaban para dar pasa al grito de "QUIEN EEEEE"
